10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental

10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental

El Día Mundial de la Salud Mental se conmemora cada 10 de octubre desde 1992, cuando fue establecido por la Federación Mundial de Salud Mental (WFMH).

Pero, ¿qué entendemos por salud mental? Es un estado de bienestar emocional, psicológico y social. Se relaciona con cómo pensamos, sentimos y actuamos, pero también con la manera en que afrontamos el estrés, nos relacionamos con otras personas y enfrentamos las distintas situaciones de la vida.

Entonces, ¿por qué necesitamos un día para hablar de algo que nos acompaña todos los días? Porque hablar de salud mental todavía puede resultar difícil. El estrés, la ansiedad, la depresión y otras dificultades emocionales pueden formar parte de la vida de cualquier persona. Sin embargo, los prejuicios y el temor a ser juzgados pueden hacer que pedir ayuda no siempre sea fácil.

Esta fecha nos invita a abrir espacios para conversar, escuchar y acompañarnos, y a recordar algo fundamental: cuidar nuestra salud mental es tan importante como cuidar nuestra salud física..

Hablemos de cómo nos sentimos

Hay días en los que todo parece ir bien. Se llega a tiempo al trabajo o a clases, se cumplen las responsabilidades, se responde a los mensajes, se comparte con la familia y hasta hay tiempo para reírse un rato. Pero también existen esos otros días.

Días en los que nos levantamos cansados, incluso después de dormir. Días en los que un pequeño problema parece mucho más grande, o simplemente sentimos que necesitamos alejarnos de todo por un momento. Aunque muchas veces pensamos que solo hace falta “seguir adelante”, nuestra mente también necesita atención, descanso y cuidado.

Hablar de salud mental es importante porque forma parte de nuestra vida diaria. Influye en cómo pensamos, sentimos y enfrentamos las dificultades.

Hay cosas que no siempre se pueden ver

Cuando alguien tiene fiebre o se lastima un brazo, es fácil darse cuenta de que algo ocurre. Con la salud mental no siempre es así. Una persona puede estar sonriendo, trabajando o estudiando con normalidad y, al mismo tiempo, estar atravesando una situación que los demás desconocen.

Puede ser un adulto preocupado por sus responsabilidades, un joven agotado por los estudios, un padre que siente que debe poder con todo o un hijo que todavía no encuentra la forma de explicar lo que le pasa. Por eso, no siempre basta con preguntar “¿estás bien?” y quedarse con un “sí” como respuesta. Detrás de un día normal también puede haber cansancio, preocupación, miedo o frustración.

Y está bien que no todos los días sean buenos. Sentir emociones difíciles no nos hace débiles; reconocerlas y hablar de ellas también es una forma de cuidarnos.

“Hay que ser fuerte”… ¿pero qué significa realmente?

Desde pequeños hemos escuchado frases como “no llore”, “sea fuerte”, “eso se le va a pasar” o “no piense tanto”. Muchas veces se dicen con cariño, pero pueden hacernos creer que mostrar tristeza, hablar de lo que sentimos o pedir ayuda está mal. Uno de los mitos más comunes es pensar que una persona con dificultades de salud mental simplemente necesita “poner de su parte”. La realidad es que no todo se soluciona con fuerza de voluntad. A veces necesitamos hablar con alguien, recibir apoyo o buscar ayuda profesional.

También existe la idea de que, si alguien sonríe, sale con amigos y continúa con su rutina, necesariamente está bien. Pero no siempre podemos saber lo que una persona está viviendo solo por lo que vemos. Y hay otra frase que solemos escuchar: “hay personas que están peor”. Comparar problemas no hace que desaparezcan. Cada persona vive y enfrenta las situaciones de manera diferente, y lo que para alguien puede parecer pequeño, para otra persona puede ser realmente difícil.

Por eso, ser fuerte no significa guardar todo lo que sentimos. También puede significar reconocer que necesitamos ayuda y tener el valor de pedirla.

No tenemos que hacerlo solos

Cuando algo nos preocupa, muchas veces preferimos guardarlo para nosotros. Podemos pensar que debemos resolverlo solos o que pedir ayuda significa ser débiles. A veces, sin darnos cuenta, pensamos: “¿para qué voy a ir al psicólogo si no estoy loco?”, “yo puedo solo”, o “me van a decir que estoy exagerando”. Estas ideas pueden hacer que minimicemos lo que sentimos y dejemos de lado algo que merece atención.

Hablar con alguien de confianza puede ser un primer paso. Puede ser un familiar, un amigo, un compañero o cualquier persona con quien nos sentimos cómodos. A veces, contar lo que nos pasa y sentirnos escuchados puede hacer una diferencia.

Y si sentimos que necesitamos un apoyo diferente, acudir a un profesional de la salud mental también es una forma de cuidarnos. No hace falta esperar a que el malestar sea demasiado grande. Un profesional puede escucharnos sin juzgarnos, ayudarnos a entender lo que estamos viviendo y brindarnos herramientas para afrontarlo.

¿Cuándo debemos prestar más atención?

No siempre es fácil reconocer que estamos pasando por un momento difícil. A veces pensamos que solo estamos cansados, preocupados o que ya se nos pasará.

Sin embargo, hay momentos en los que vale la pena detenernos y prestar un poco más de atención a cómo estamos: cuando el cansancio se vuelve constante, nos cuesta dormir, dejamos de disfrutar actividades que antes nos gustaban, nos aislamos de los demás o sentimos que las preocupaciones comienzan a sobrepasarnos.

Tener un día difícil es normal. Lo importante es observar cuando estas situaciones se mantienen en el tiempo o empiezan a afectar nuestra vida cotidiana.

Reconocerlo no significa tener todas las respuestas. Puede ser simplemente una señal para hacer una pausa, hablar con alguien de confianza o buscar apoyo..

Pequeños cambios que pueden hacer la diferencia

Cuidar nuestra salud mental no significa tener una rutina perfecta ni cambiar nuestra vida de un día para otro. A veces, empieza con algo tan sencillo como hacer una pausa, salir a caminar unos minutos o reconocer que hoy necesitamos descansar.

  • Dormir y descansar mejor. Intentar mantener horarios de sueño y respetar los momentos de descanso.
  • Mover el cuerpo. Caminar, bailar, hacer ejercicio o simplemente salir un rato de casa puede ser una forma de despejarnos y cambiar de ambiente.
  • Buscar momentos que disfrutemos. Escuchar música, cocinar, leer, ver una película, practicar un deporte o dedicar tiempo a un pasatiempo. Hacer algo que nos gusta también es parte de cuidarnos.
  • Conectar con otras personas. Un mensaje, una llamada, un café o una conversación con alguien de confianza pueden recordarnos que no tenemos que llevar todo solos.
  • Poner límites. No siempre tenemos que decir que sí. Aprender a reconocer cuándo necesitamos parar, descansar o decir “no puedo” también ayuda a cuidar nuestro bienestar.
  • Darnos un momento para desconectarnos. Alejarnos por un rato del celular o de las redes sociales, bajar el ritmo y hacer una pausa.

No se trata de hacer todo a la vez. Podemos empezar por una sola cosa y ver qué nos funciona. Cuidar nuestra salud mental también está en esas pequeñas decisiones que tomamos cada día.

Más que una fecha: un momento para escucharnos

El Día Mundial de la Salud Mental puede ser mucho más que una fecha que aparece una vez al año en el calendario. Puede ser una oportunidad para hablar de aquello que normalmente guardamos. Para que las familias se animen a hablar de cómo se sienten. Para que los amigos aprendan a escucharse. Para que los hijos sepan que pueden hablar y para que los padres también recuerden que tienen derecho a pedir apoyo.

Sobre todo, puede recordarnos que detrás de cada persona hay una historia que los demás no siempre conocen. Quizás por eso, una de las mejores maneras de cuidar la salud mental comienza con algo muy sencillo: prestar atención.

Y quizás ese sea un buen punto de partida: escuchar un poco más, juzgar un poco menos y recordar que cuidar nuestra salud mental también es una manera de cuidar a quienes más queremos.